martes, 15 de septiembre de 2009

Ras el hanout, endihablada levadura

A quien ya él sabe

Con aladas aliteraciones,
vehiculizando fatigas, cultivando marías,
en un otero entre La Mancha y Nueva York,
cercamos el cerro al caos

Cual vivaz meretriz sin derecho a pernada
doce días permanecí en tu pituso nicho anclada

Y ya en las estribaciones de este singular estío
hoy quiero confesarte, amigo mío
que fue un honor asistir como testigo
al venturoso alborear de tu intestino

4 comentarios:

Koji Kabuto, del orden puto dijo...

Buenaaas! Te comento. No se si prefiero la trascendencia de la forma al alborear del intestino ex-gordo, aun no delgado; pero el fondo, el fondo si que se las trae. Tendra alma? La Gioconda las cosas esconda mientras el indio brilla ya con sus maracas en su Itaca souniada.

Mo Lécule dijo...

Quién fuera indio esplendoroso
O, mejor dicho, quién tuviera un buen par de maracas...

Koji Kabuto, del orden puto dijo...

Les deux voyages del' Indien. Maraccain, pas creole, pas machinian...

El esplendor no siempre esta relacionado con las maracas; aunque ayuda.

la voz en off dijo...

El esplendor SIEMPRE está relacionado con las maracas.
Es más: Esplendor=Maraca, formula matemática que cualquier niño de primaria se sabe al dedillo.

¿Dónde has estudiado Koji Kabuto? ¿Es que en Kioto no os ponen al corriente de los más elementales secretos de la vida?
(demasiado ordenado tu puto)